Juana María Ramírez.-

Mininos, mizifuz, peludos, y últimamente michis, es la forma coloquial como solemos referirnos a los gatos, estos misteriosos felinos que desde siempre han dividido la opinión popular, amados por miles, detestados por otros debido a su carácter independiente y ese singular desdén que poseen. Quienes no los conocen suelen llamarlos arrogantes, y quizás lo sean, pero es algo que no puede intimidar a quien los conoce y ama de verdad precisamente por esas características.

Hoy es el día internacional del Gato, uno de los cuatro festejos que los amantes de los felinos han impuesto a lo largo del año. Y no por nada, han dejado literalmente su huella en el mundo: aún puede admirarse en un manuscrito del siglo XV, en unas cartas del año 1445 dirigidas por el Gobierno de Dubrovnik (actual Croacia) a unos comerciantes, en el texto pueden verse marcadas perfectamente las pequeñas garras del felino medieval. Pero la huella no solo es literal, a lo largo de la historia han existido gatos que han dejado lo suyo tanto en sus dueños como en los resultados de su intervención en la vida de estos.
Desde el gato de Nikola Tesla que sirvió de inspiración para el estudio de la energía eléctrica, al sentir esa extraña energía desprendía el animal al acariciarlo, o Félicette, el primero en ser enviado al espacio en un vuelo suborbital en 1963. Mademoiselle Fifi, la gata atigrada que acompañaba a John Moisant, aviador, conocido por realizar la primera travesía aérea sobre el Canal de la Mancha con un pasajero en 1910; Muezza el gato de Mahoma; Sam el insumergible, gato que sobrevivió a tres naufragios durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta Choupette, la gata de Karl Lagerfeld que lo inspiró a crear una línea de esmalte de uñas azules y varias de maquillaje. Copy Cat, el primer gato en ser clonado; Delilah, la gata de Freddy Mercury, a quien le dedicó una canción hasta Grumpy Cat cuya cara de permanente de fastidio la hizo ser uno de los primeros felinos en ser virales en internet, todos ellos y muchos más (la lista es enorme) han dejado su peluda huella en el corazón de muchos.

“El gato /sólo el gato/ apareció completo/ y orgulloso:/nació completamente terminado,/camina solo y sabe lo que quiere” lo describe Neruda en su oda al gato, y es que a los gatos o los amas o los odias, porque con ellos no hay medias tintas, y su actitud desconcierta a quienes han tenido poca convivencia con ellos. Uno de los últimos animales en ser domesticados o que se domesticó a sí mismo como sugiere algunos científicos, pues pese a convivir por miles de años con los humanos pasaron otros cientos más en saltar al regazo de la primera “Karen o Karencio” de la historia (como en la actualidad se le llama a los dueños de estos felinos) y aún conservan mucho de su salvajismo.

El gato, la mascota ideal de los solitarios, de quienes se sienten a gusto a su aire y no quieren sentir la obligación de salir a caminar por las noches, porque este hace sus necesidades en su caja de arena y no necesita de mucho ejercicio, compañero fiel aunque muchos lo duden, de belleza incomparable, símbolo de la independencia, pequeño intruso que se cuela con habilidad en todos lados hasta en el habla popular donde encontramos a aquel nos lo dan por liebre, al que le buscamos tres patas, o porque de noche todos son pardos, al que mató la curiosidad, al que hay que echarle un ojo además del garabato o al que se tiene encerrado, los que abren los ojos a los 40 días a diferencia de los que no los abren nunca o los que nacen en el horno sin ser pan, siempre es el gato, todos los gatos.

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