¿Quiénes somos después del viaje? Nos plantea la novela gráfica Volver Atrás de Abraham Balcázar

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  • La primera novela gráfica de Abraham Balcázar mezcla ciencia ficción, una reflexión sobre el futuro de la humanidad en una historia cuyas ilustraciones hechas en acuarela, sin lugar a dudas realzan su trabajo.

Juana María Ramírez.-

En un mundo donde una inteligencia artificial ha tomado el control absoluto del planeta, un robot despierta con una misión aparentemente sencilla: regresar las cosas a cómo eran antes y proteger toda forma de vida que encuentre en el camino. Sin embargo, conforme avanza en su recorrido, descubre que el mundo, las personas y hasta él mismo son mucho más complejos de lo que su programación le había hecho creer.

Con esta premisa el ilustrador y escritor Abraham Balcázar, con quien platicamos en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, nos trae el libro Volver atrás, su primera obra autoral, una novela gráfica que combina aventura, ciencia ficción y cuestionamientos filosóficos sobre la identidad, las expectativas y la posibilidad de corregir el pasado.

“Me encantan las historias de viaje, esas donde el trayecto es más importante que el destino”, explica Balcázar al hablar de la génesis del proyecto. La idea nació a partir de un refrán: “No somos ríos para no volver atrás”. A partir de esa frase comenzó a imaginar un mundo atravesado por un río que permitiera regresar al punto de partida y, sobre todo, preguntarse ¿Quién eres cuando regresas al otro punto?

Entonces, como personaje principal eligió a un robot, para que pudiera atravesar el mundo sin las limitaciones humanas y enfrentarse a una realidad transformada por una inteligencia artificial dominante. Lo que comenzó como una aventura de ciencia ficción fue adquiriendo con el tiempo una dimensión filosófica más profunda.

“El creador del robot tiene una idea muy clara de cómo debería ser el mundo y espera que su creación la haga realidad. Pero una cosa son las expectativas del creador y otra lo que el robot vive al recorrer el camino”, señala el autor, es como las expectativas del papá, que dice yo quiero que tu vida sea esto, pero lo que vive el hijo es otra cosa.

A lo largo de la historia, el protagonista atraviesa distintas pruebas inspiradas en las virtudes cardinales de la filosofía clásica: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Estos conceptos terminan convirtiéndose en una especie de guía simbólica mientras se dirige hacia una ciudad donde sobreviven los últimos grupos humanos, una idea, señala que toma de los antiguos griegos, que para ser un buen ciudadano se tiene que tener esas características.

Sin proponérselo desde el inicio, Balcázar reconoce que la historia también adquirió ecos religiosos y reflexiones sobre la relación entre creador y creación. “Hay mucho de esa carga humana de querer que alguien más resuelva nuestros errores o nuestras culpas. El creador deposita en el robot expectativas que tienen que ver con su propia redención”, comenta.

La obra cobra especial relevancia en una época donde la inteligencia artificial dejó de ser una especulación futurista para convertirse en una realidad cotidiana. De hecho, el libro comenzó a gestarse en 2012 gracias a una beca del Fondo de Cultura Económica, para Jóvenes Creadores, pero permaneció varios años en pausa antes de encontrar una editorial interesada en publicarlo.

Cuando el proyecto fue retomado después de la pandemia, el autor tuvo que replantear diversos aspectos de la historia. “La realidad nos alcanzó. Cuando empecé a escribirla, la inteligencia artificial era algo más lejano. Después ya existían referencias concretas y tuve que ajustar muchas cosas para que dialogaran mejor con el presente”, explica.

Aunque la novela presenta un escenario distópico, Balcázar evita plantear respuestas absolutas. Para él, incluso las utopías contienen contradicciones porque es imposible construir una realidad perfecta para todos.

“Las distopías parecen más cercanas hoy. El cambio climático, las guerras y muchos de los problemas que vemos todos los días hacen que esas historias resulten más plausibles. Pero tampoco creo que exista una solución única que vuelva perfecto al mundo”, reflexiona.

Aun que es un mundo de robots, también hay humanos, aunque a estos los lustra más caóticos “No sabemos mucho en la novela de ellos y pero son como eso, como caos. cada vez que aparecen son como más más impredecibles”.

Un Largo trabajo

La historia en sí resulta interesante, pero tema aparte sin duda son las ilustraciones, Volver atrás también representa un trabajo de largo aliento, pues hay que tener en cuenta que a totalidad de las ilustraciones fue realizada a mano mediante acuarela y dibujo tradicional. Algunas páginas, ocho en total,  incorporan color digital para representar una especie de realidad híbrida entre lo físico y lo virtual, pero la base artística permanece anclada en técnicas manuales.

Algo a tomar en cuenta en el trabajo de Balcázar, quien  llevó a cabo su obra a cambio de desvelos y espacios de tiempo robados al trabajo cotidiano, un esfuerzo nada desdeñable, sobre todo al contemplar el resultado que nos presenta ilustraciones nítidas, claras y hacernos conscientes que estamos ante una verdadera obra de arte.

El proceso completo tomó más de una década entre escritura, rediseño, ilustración y correcciones. Una vez que la editorial decidió apostar por el proyecto, Balcázar dedicó dos años y medio a concluir la versión definitiva.

“Tuve la fortuna de que no se quedara en el camino. Muchos proyectos tardan años en materializarse y éste logró llegar a las manos de los lectores”, señala.

Lo que sigue

Aunque Volver atrás representa su debut como autor integral, Balcázar cuenta con una larga trayectoria como ilustrador de libros, uno de ellos, es el de Cuando las Panteras no eran negras, de Pablo Morabito, las ilustraciones de este bellísimo libro son de él.

Actualmente ya está pensando nuevos proyectos, entre ellos una historia paralela protagonizada por uno de los personajes secundarios de la novela: un peculiar chatarrero que recorre el mundo recolectando piezas de robots abandonados. Al preguntarle si es la Ciencia Ficción donde están sus intereses, señala que no, aunque es un tema que le gusta hay otros como el terror que le fascina y que espera también poder abordarlos en alguna de sus próximas obras.

Mientras tanto, Volver atrás se presenta como una obra que utiliza la ciencia ficción para formular preguntas profundamente humanas: ¿es posible corregir los errores del pasado?, ¿vale la pena intentar regresar a lo que alguna vez fuimos?, y, sobre todo, ¿quiénes somos después del viaje?

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